Lo que anunciaron en Ginebra
El acuerdo alcanzado en Ginebra entre representantes comerciales de EE.UU. y China fue presentado por ambos gobiernos como un avance significativo. Los detalles concretos: los aranceles estadounidenses sobre importaciones chinas se reducirían del 145% al 30% durante un período de 90 días. En reciprocidad, los aranceles chinos sobre productos estadounidenses bajarían del 125% al 10%.
El mercado procesó esta noticia con un rally inmediato. El S&P 500 subió un 9,5% en las dos sesiones siguientes al anuncio — uno de los movimientos positivos de dos días más grandes en varios años. Las acciones con alta exposición a China — semiconductores, industriales, empresas de consumo con cadenas de suministro en Asia — lideraron las subidas.
Yo no sumé a la euforia. De hecho, usé el rally para comprar put spreads como cobertura. Aquí está el razonamiento.
Los tres puntos que el mercado pasó por alto
Punto 1 — 90 días no es una solución: una tregua temporal de tres meses resuelve la urgencia táctica de las cadenas de suministro, pero no toca las cuestiones estructurales que generaron la escalada arancelaria: el déficit comercial bilateral, los subsidios estatales chinos en semiconductores y vehículos eléctricos, las transferencias forzosas de tecnología y el acceso restringido al mercado chino para empresas americanas. Cuando los 90 días terminen, todas esas preguntas seguirán sin respuesta. La probabilidad de una extensión o un acuerdo permanente no es baja, pero tampoco es alta — y el mercado parece estar descontando el escenario optimista sin aplicar descuento por incertidumbre.
Punto 2 — Los aranceles del 30% siguen siendo históricamente elevados: incluso con la reducción, un 30% de arancel sobre la mayoría de las importaciones chinas es significativamente más alto que los niveles pre-2018. Las empresas con cadenas de suministro integradas en China ya han tomado decisiones de relocalización parcial que no se revierten de un mes para otro. El coste de estos aranceles persiste en los márgenes de muchas empresas.
Punto 3 — Incertidumbre de política incrementa el coste de capital: incluso si los aranceles bajan temporalmente, la volatilidad de política comercial — el riesgo de que suban o bajen dramáticamente según el ciclo político — hace que las empresas con exposición a China exijan una prima de riesgo más alta al planificar inversiones. Eso no desaparece con una tregua de 90 días.
Por qué compré put spreads
Un put spread — comprar una opción de venta (put) a un precio de ejercicio más alto y vender otra a un precio más bajo — es una estrategia que se beneficia de caídas del mercado dentro de un rango definido, a un coste inicial menor que comprar puts a secas.
Compré put spreads sobre el S&P 500 porque el rally del 9,5% creó una asimetría favorable: el potencial alcista adicional a corto plazo es limitado (el mercado ya ha descontado la buena noticia), mientras que el potencial bajista si los 90 días terminan sin acuerdo es significativo.
El coste del spread es la pérdida máxima si el mercado sube o permanece estable. El beneficio es el rango entre los dos strikes si el mercado retrocede hasta esos niveles. En términos de riesgo/recompensa y dados los precios de volatilidad implícita tras el rally (cuando la IV cae, las puts se abaratan relativamente), el momento para añadir cobertura era ese, no antes del rally.
Lo que seguiré de cerca en las próximas semanas
El calendario de los 90 días importa. Las primeras señales de negociación real — reuniones técnicas, borradores de acuerdos, comunicados específicos sobre categorías de producto — aparecerán o no en las próximas semanas. Si hay silencio, el mercado recordará que la tregua tiene fecha de expiración. Si hay progreso visible, la cobertura puede resultar innecesaria y el coste del spread habrá sido el seguro que no tuve que usar.
Las dos posibilidades son aceptables. No invierto para tener razón en la predicción — invierto para que el perfil de riesgo de mi cartera sea apropiado para el entorno real, no para el entorno que me gustaría que existiera.
